Buenas noches,
El silencio es caridad
El silencio es a veces callar, pero el silencio es siempre escuchar.
Una ausencia de ruido que estuviera vacía de nuestra atención a la palabra de Dios ya no sería silencio.
Un día lleno de ruidos y lleno de voces puede ser un día de silencio si el ruido se convierte para nosotros en un eco de la presencia de Dios.
Cuando hablamos de nosotros mismos y por nosotros mismos, salimos del silencio.
Cuando repetimos con nuestros labios las íntimas sugerencias de la palabra de Dios en lo profundo de nosotros, dejamos el silencio intacto.
El silencio no le gusta la profusión de palabras.
Sabemos hablar o callarnos, pero nos cuesta conformarnos con las palabras necesarias.
El silencio es caridad y verdad.
Él responde a quien le pide algo, pero solo ofrece palabras cargadas de vida. El silencio, como todas las normas de vida, nos conduce al don de nosotros mismos y no a una avaricia disfrazada. Pero nos mantiene unidos para ese don.
El silencio no es una serpiente que huya al menor ruido, sino un águil de fuertes alas que sobrevuela el bullicio de la tierra, de los hombres y del viento.
Madeleine Delbrêl, Nosotros, la gente de la calle
Buenas noches
Maryléna