Una chica ciega se odiaba tanto por ser ciega.
Ella odiaba a todo el mundo excepto a su amigo, un chico. Él siempre estaba ahí para ella.
Un día, ella le dijo: “Si solo pudiera ver el mundo, me casaría contigo.”
Un día, alguien le hizo el don de sus ojos.
Cuando se quitaron los vendajes, fue capaz de ver todo, incluido a su amigo, el chico.
¡Le preguntó!
Ahora que puedes ver el mundo, ¿te casarás conmigo?
La chica lo miró y, al ver que él también era ciego, la visión de sus párpados cerrados la conmovió. No se lo esperaba. El pensamiento de verlo así el resto de su vida la llevó a rechazarlo.
Su amigo la dejó llorando y unos días más tarde le escribió una nota que decía:
Cuida bien tus ojos, porque antes de que fueran tuyos, eran míos.
Así es como el cerebro humano suele funcionar cuando nuestro estado cambia. Solo muy pocas personas recuerdan cómo era la vida antes y quién estuvo siempre a su lado en las situaciones más dolorosas.