CAPÍTULO 1. EL EMBAUCADOR/ALEPH/NÚMERO 1
Un joven de pie frente a una mesa sobre la cual hay varios objetos. Comprometerse plenamente en el plano material (simbolizado por la mesa) participando activamente en el descubrimiento de sus potencialidades (representadas por los diversos objetos colocados sobre la mesa). Asociar el trabajo y el juego, actuar y tomar una decisión. El sentido del juego, el espíritu de creatividad.
El mago, o el Mago, maneja los símbolos de los cuatro elementos: la escritura, la voluntad, la sabiduría.
Con sus herramientas simbólicas y sus ropa de colores, el bateleur es un maestro en su arte. El bateleur informa sobre la importancia de actuar. También designa a una persona que realiza acrobacias y juegos de destreza en las plazas públicas. Es un animador público que asocia el trabajo y el juego. Este bateleur informa sobre trabajar divirtiéndose. Revela la importancia de actuar y de trabajar en el plano terrenal expresando una cierta forma de placer. El placer está asociado al valor del espíritu. De hecho, este busca cultivar valores del espíritu.
Lo que significa que si una persona busca cultivar valores, debe esforzarse mucho para lograrlo, lo cual deja poco espacio para el placer. Sin embargo, quien expresa los valores profundos del espíritu no necesita hacer tales esfuerzos, ya que está naturalmente (innato) predispuesto a hacerlo. Más aún, lo hace con facilidad, habilidad y placer.
El bateleur también invoca lo maravilloso. Informa de abrirse a la experiencia de lo maravilloso, a esa dimensión de la existencia que no puede ser comprendida por una razón que, por el contrario, busca controlarlo todo. Es precisamente desde esta perspectiva que toda revelación (en cuanto gracia divina) se sitúa. El bateleur enseña al aspirante que debe abrirse y aceptar lo maravilloso en una actitud de acogida y de soltar.
Descripción del arcano
Esta lámina representa a un joven hombre rubio que, de pie detrás de una mesa, sostiene en su mano izquierda una especie de varita (o bastón que significa espiritualidad). Está de frente, en una actitud relajada. Lleva un sombrero (número del infinito, el 8 tumbado) que significa el signo algebraico del lemniscato cósmico del Antiguo Egipto, símbolo de vida eterna, y su ropa es de colores variados en una alternancia de rojo, azul, amarillo y verde (Ganas).
Ante él, sobre la mesa de color marrón, se encuentra colocada frente a él (solo se venen tres patas y la otra está en lo invisible). Además, se exponen diversos objetos: una copa (emociones y sexualidad), una espada o cuchillo (voluntad e intelecto), un céntimo (aspectos materiales y financieros), y él toca con su mano derecha ese céntimo. Por último, una flor roja, aún en capullo, brota a sus pies.
Interpretación simbólica del arcano:
El Mago parece joven y, cuando miramos más de cerca, también parece viejo. Este arcano demuestra que es importante volver a ser un niño pequeño, es decir, dejar de renegar de su esencia profunda al adoptar valores exteriores, para así redescubrir su ser profundo e identificarse con él. Evidentemente, no se trata de un retorno a la infancia entendida como estado de inmadurez o ingenuidad. De hecho, la primera lección del Mago es restablecer una coincidencia entre su ser profundo y su personalidad. Es esto lo que permite al Mago conservar su juventud, según el antiguo deseo de los alquimistas.
Al principio se precisó que el bufón asociaba el trabajo y el juego. Esta asociación también evoca el arquetipo del niño. En efecto, el niño trabaja jugando, pero no con un espíritu frívolo, ligero o superficial.
El juego del niño no implica un desapego ni una inconsciencia frente a las exigencias y responsabilidades de la vida. Muy al contrario, siempre es asombroso constatar, al observar a un niño que juega, hasta qué nivel está implicado. El juego está tan integrado en la vida de un niño que no distinguen claramente la realidad de la fantasía. Por ejemplo, Marco puede pretender jugar con dos bloques, donde un bloque es un conejo y el otro una zanaca que come el conejo. Estos bloques se convierten realmente en un conejo y una zanaca para él, y se comporta hacia ellos como si fueran reales.
La característica del niño evoca la importancia de la apertura y de su capacidad excepcional de acogida. Lo cual evoca también el término de lo maravilloso. En él, la dimensión mental no está aún lo suficientemente desarrollada para encerrarlo en una concepción puramente mecánica del universo, donde toda dimensión que trascienda la razón (lo mental) sería cuidadosamente eliminada. Ejemplo: el niño acepta de manera natural que un conejo converse con un erizo. Sin embargo, es precisamente mediante una apertura similar que el ser humano puede acceder a un nivel de ser superior, participando así en las realidades divinas, en la misma esencia de las cosas. Esto lo ilustra, de hecho, el sombrero del bufón en forma de lemniscata (de ocho horizontal), que, utilizado en matemáticas para designar el infinito, evoca de manera elocuente la apertura de mente del personaje.
El Loco está de pie, bien anclado en la materia en una posición activa. Así representa a una persona que se compromete de manera dinámica para expresarse, emprender y llevar a cabo múltiples proyectos.
Su postura es muy importante; aunque está de pie, no está en movimiento, ya que no se dirige ni hacia la derecha (que simboliza el futuro) ni hacia la izquierda (que representa el pasado). Nuestro bufón está bien anclado en un equilibrio, con los pies ligeramente separados (enseñando la necesidad de vivir plenamente el momento presente), que es la segunda lección fundamental del bufón. Todas las sabidurías antiguas han enseñado la necesidad de vivir el momento presente, la clave para vivir la vida. Quien vive en el pasado no solo es incapaz de lograr nada concreto, ya que no está comprometido con el presente, sino que también corre el riesgo de programarse para el fracaso, eliminando así definitivamente cualquier posibilidad de éxito. Del mismo modo, quien vive en función del futuro alimenta con demasiada frecuencia miedos o vanas esperanzas. Al permanecer fuera del tiempo presente, queda fuera de la vida. El bufón incita, por lo tanto, al ser humano a reconocer en el momento presente el único terreno propicio para la realización de sí mismo, un momento presente que, no obstante, integra las lecciones del pasado y los gérmenes del futuro.
El Bateleur frente a la mesa, desde un punto de vista simbólico, está estrechamente ligado a las realidades materiales, como lo confirma su superficie de color marrón, evocada por el color de la arcilla o de la tierra. La forma rectangular también se asemeja a la del cuadrado, con el que comparte el simbolismo del mundo terrestre. La mesa de trabajo del Bateleur evoca el plano material en una dimensión matricial, en tanto que proveedora de los recursos necesarios para el crecimiento y el desarrollo; la mesa encarna también la materia prima sobre la cual el ser humano está invitado a trabajar activamente. Esto significa que dicha acción implica una inversión por parte del joven con el fin de despojar al mundo de la influencia de las fuerzas regresivas, para así despertar en él una fuerza espiritual que lleva mucho tiempo dormida.
El bateleur es un actor que debe participar plenamente en la transformación del plano material y en su redención, lo cual lo lleva a trascender su existencia profana hacia una vida activa, es decir, en un proceso de regeneración.
Solo tres patas de la mesa son visibles. En un primer momento, esto parece poner énfasis en el número 3 y se trata sin duda de una pista de estudio interesante. El número 3 evoca la expresión de una fuerza o de una realidad sutil en un plano más concreto. Asociado a un triángulo como primer polígono derivado del círculo (asociado al número 1), simboliza la primera manifestación, la condición a priori de toda revelación.
En relación con la tabla, el número 3 pone de manifiesto con claridad el propósito de la obra emprendida por el bateleur: despertar (y, en consecuencia, revelar) la esencia divina (espiritual) que anima a la materia. Los pies de la tabla elevan la superficie rectangular del suelo, lo que evoca la idea de una elevación y una sublimación de la materia.
El cuarto pie de la mesa es invisible, pero no por ello deja de ser fundamental, ya que el equilibrio de la mesa depende de él. Incluso si ese pie estuviera ausente, la mesa tal como está concebida no podría mantenerse en equilibrio: lo cual evoca que lo esencial es invisible a los ojos y que el equilibrio del mundo visible reposa sobre el soporte del mundo invisible. De hecho, este adagio demuestra que la realidad no se limita a su sola apariencia (a su sola dimensión exterior).
De hecho, si el arcano del Loco evoca el número 3 en acción, también encarna el número 4. ¿Cómo? Poniendo a disposición del Loco cuatro instrumentos: un denario (callarse) y corresponde a (elemento tierra / aspectos financieros y materiales), una copa (elemento agua / a las emociones y a la sexualidad) y (saber), una espada corresponde a (el elemento aire / la voluntad y el intelecto) y (atreverse) y un bastón corresponde al elemento fuego (espiritualidad) y a (querer), según Oswald Wirth.
Oswald Wirth precisa que, para entrar en posesión de estos instrumentos místicos, es necesario haber sufrido las pruebas de los elementos: La victoria obtenida sobre la Tierra confiere el Denier, es decir, el punto de apoyo necesario para toda acción. Al enfrentar el aire con audacia, el caballero de la Verdad obtiene el derecho de estar armado con la Espada, símbolo del verbo, que pone en fuga los fantasmas del error. Triunfar sobre el agua es conquistar el Santo Grial, la Copa. Uno se bebe la Sabiduría. Probado por el fuego, el iniciado obtiene por fin la insignia del supremo mando, el Bastón, cetro del rey que reina por su voluntad confundida con el Soberano Querer.
En otras palabras, el bufón debe trabajar en su mesa de trabajo (materia) a nivel de los cuatro elementos, estructurándola (elemento tierra/denier: la tierra representa más precisamente la perseverancia en el trabajo por realizar. Elemento agua/la copa: la flexibilidad y la adaptabilidad. Elemento aire, espada: la prontitud en el plano intelectual y los procesos de intercambio que permiten al hombre poner las cosas en relación unas con otras estableciendo relaciones y vínculos entre ellas. Elemento fuego (bastón): encarna principalmente el ardor y la integridad de permanecer fiel a los valores profundos del ser cualesquiera que sean las circunstancias externas. Lo cual significa las cualidades psicológicas del humano. De hecho, es lo que representa la formación sobre los arcanos y su comprensión.
El denario parece ocupar además un lugar preponderante, ya que el bufón lo señala con su mano derecha. El elemento tierra (asociado al denario) representa tradicionalmente la primera etapa de todo proceso iniciático (perseverancia en el trabajo por realizar). De hecho, el ser humano, sin la acción de la perseverancia, no puede más que vagar lamentablemente sin materializar de manera verdaderamente tangible las potencialidades de su esencia profunda.
La copa parece ser de plata y contiene un líquido rojo; abierta en su parte superior a las influencias celestes, pero en contacto directo con el plano terrenal por su base, la copa siempre ha representado el lugar privilegiado que permite a una realidad espiritual encarnarse plenamente en el mundo. Se la asocia con el alma y su apertura a las impulsiones divinas (esta copa es, de hecho, de plata, un metal tradicionalmente asociado al alma). El Bateleur nos enseña, por lo tanto, que su alma debe estar plenamente abierta a las impulsiones divinas, ya que está llena de vino. Además, el hecho de que sea rojo indica que estas impulsiones están plenamente manifestadas en el mundo (el rojo es el color estrechamente asociado a la encarnación).
La espada presenta un doble filo y una guarda de color amarillo. Simbólicamente, evoca la verdad que corta, secciona y a veces hiere profundamente lo que toca. Una especie de espada corta, desnuda y expone toda forma exterior para luego revelar su naturaleza profunda a la luz de una verdad imparcial e inquebrantable. Los dos filos de la espada corresponden a las dos realidades sobre las que actúa la verdad: la del cuerpo y la del alma. El color amarillo indica que esta verdad está impulsada por el poder, ya que el amarillo encarna la realidad espiritual.
La baguette que sostiene el Loco termina en dos extremidades de colores diferentes: una esfera roja y una esfera azul. Estas dos esferas ilustran las dos polaridades del universo: lo masculino (rojo) y lo femenino (azul). También la materia (rojo) y el espíritu (azul). La bagueta que une estas dos polaridades evoca el poder creador que resulta de la interacción fecunda entre estas dos realidades. (rojo y azul, principio masculino y femenino).
No obstante, cabe señalar que el bateleur sostiene esta varita con la mano izquierda, lo que indica que aún no domina plenamente este poder creador; se encuentra más en un estado de potencialidad (simbolismo de la mano izquierda) que plenamente efectivo y operativo (simbolismo de la mano derecha).
Los ricos colores de los atuendos del bufón también son propensos a ayudarnos a comprender con mayor precisión lo que representa.
El sombrero rojo, cuyo borde verde está rematado de amarillo, y sabiendo que la cabeza (principio rector) simboliza la dimensión espiritual (espíritu), que el tronco encarna la dimensión psíquica del alma y que las piernas evocan la dimensión física. El sombrero revela que la dimensión espiritual plenamente despierta y activa (rojo) del bufón se expresa a través de valores cardíacos (corazón) de color verde, conforme a la voluntad divina (el borde del sombrero) de color amarillo.
La chaqueta del bateleur es de color rojo y está provista de una franja azul en su centro y de un cuello azul rematado de blanco. Esto indica que la dimensión psíquica (tronco) está plenamente abierta a las realidades exteriores (el rojo siendo el color de la encarnación/materia). No obstante, no está por ello desconectada de las realidades interiores. Por el contrario, su apertura al mundo es conforme a los requisitos de la vida espiritual (franja vertical azul, el azul correspondiendo a las realidades interiores).
Además, cinco botones (los cinco sentidos, puertas abiertas al mundo) están situados en esa línea azul, confirmando que su percepción del mundo tiene en cuenta sus aspectos internos. El eje de los botones es perfectamente vertical, lo que evoca claramente el estado de conciencia que caracteriza al personaje.
El cuello de color azul, rematado de blanco, revela que el alma (tronco) se une al espíritu (la cabeza) en una actitud de fe, escucha y receptividad (simbolismo del color azul), sostenida por la inocencia y la pureza (remate de blanco). Los hombros amarillos indican que su voluntad (sede de la voluntad) está en conformidad con la del espíritu. Por otra parte, las mangas verdes y azules del jubón informan de que la acción del bufón se tiñe de los valores del corazón (color verde) y del espíritu (azul). Las muñecas rojas indican que esta acción es plenamente afectiva y operativa en el plano concreto.
El Bateleur lleva un tights azul que cubre perfectamente sus piernas y sugiere, en una actitud total de receptividad (azul), ante las impulsiones del alma (tronco), ella misma ordenada al espíritu (la cabeza).
La flor roja (botón) aparece a los pies del bufón. Simbólicamente, evoca las cualidades y virtudes del alma que se despliegan bajo la influencia del espíritu. Es que las tres hojas en la base de esta flor, al encarnar la dimensión cardíaca (color verde) despierta a los valores del espíritu (representado por el número 3), de donde emerge un tallo vertical que corresponde a la verticalización de la conciencia. La flor en este primer arcano aún no está en flor, por lo que subrayamos que las virtudes del alma de las cuales es representación aún no están plenamente desarrolladas.