El perfume no es una mercancía; su creación es un acto de amor. Debe reflejar el alma de la mujer que lo lleve.
La palabra «perfume» es un derivado de la palabra latina «perfumare», que significa «a través del humo».
Los antiguos egipcios utilizaban fumigaciones para honrar a sus dioses. Buscaban maderas aromáticas, hierbas, raíces, etc., para crear perfumes. Quemaban el famoso incienso llamado quife, una mezcla muy aromática compuesta de mirra, lentisco, bayas de enebro, semillas de hinojo, pistacho y caña de azúcar comestible, todo molido y mezclado con vino y una preparación cocida a base de resina y miel.
Los arqueólogos han descubierto frescos que representan escenas de la vida cotidiana con el uso de sustancias perfumadas. También han descubierto vasijas de perfume de alabastro que datan de aproximadamente 4000 a. C.
Los egipcios elaboraban ungüentos y aceites esenciales para sus prácticas religiosas y para sus usos personales. Los aplicaban sobre la piel con fines cosméticos o terapéuticos. Los ungüentos se conservaban en vasitos o vasijas de alabastro. También existían pequeños frascos de cerámica o de piedra.
Uno de los placeres supremos de las egipcias era colocar sobre su cabeza pequeños conos de grasas y resinas aromáticas que, al derretirse, perfumaban su cabello y su rostro.
Los griegos continuaron las prácticas egipcias con nuevas fragancias traídas de sus viajes. Se ungían el cuerpo con aceites y ungüentos durante el baño.
Los griegos perfumaban el cuerpo de sus muertos y los enterraban con objetos personales, entre los cuales se encontraba un frasco de perfume. Los ámbares* permitían esparcir el ungüento sobre la piel. Los atletas griegos se ungían el cuerpo antes de cada prueba.
Los romanos, a su vez, concedieron un gran lugar al perfume. Introdujeron mejoras en cuanto a los ingredientes y desarrollaron su uso en los ritos religiosos, funerarios y en las prácticas cotidianas. Los griegos creían que los perfumes poseían virtudes medicinales. Los consumían en exceso, llegando incluso a asperjarlos sobre las paredes y los suelos de su casa. Una gran innovación fue el empleo del recipiente de vidrio.
Debemos a los árabes la invención del alambique, lo que permitió, por supuesto, perfeccionar la destilación de las plantas. Descubrieron nuevas sustancias aromáticas, como el almizcle, y desarrollaron el uso del perfume.
En Occidente, el uso de los perfumes se vio frenado por las guerras y las invasiones bárbaras.
¿Saben realmente lo que es un perfume quienes nunca han experimentado la magia de un campo de jazmín o de rosas al amanecer?
Jean-Paul Guerlain