Para responder a tus preguntas, sí, siento muy intensamente las energías de las personas y, en general, sé desde el primer encuentro con quién estoy tratando.
Tengo sensaciones por oleadas: llegan y se van, y vuelven sin previo aviso…
Lo que me resulta difícil en los sueños es que siempre siento los peligros, las cosas negativas.
Lo que realmente me marcó en la vida fueron las sensaciones de malestar que experimenté al estar cerca de varias personas y de un gato poco antes de que murieran…
El primero, a los 9 años, fue mi padre; no se lo he contado a nadie, pero estuve mal durante 3 días. Los siguientes, a los 15, 24, 26 y 28 años, se los he contado a mi entorno (a mi madre), porque no quería que me tomaran por una loca, ¡por prevenir!
El último fue mi gato, tenía 2 años, ya lo había rescatado de la calle y le había pagado una operación delicada y francamente costosa para que estuviera en buena salud; iba cada vez mejor y un jueves por la noche, mientras le hacía caricias, me entró pánico, empecé a sentir frío y a llorar en la cama, pidiéndole que no me abandonara, porque, si no, ¿qué me quedaba? (cf. mi relación de 8 años con mi pareja empezaba a ir mal).
Mi compañero, que me había escuchado, me tomaba por supuesto por una loca; por desgracia, fueron unas vecinas las que vinieron a despertarlo el domingo por la mañana para llevarlo al lugar donde yacía mi gato, tendido muerto... nunca supimos de qué había muerto, ni si había sido envenenado, ni si había sido un accidente... ¡2 días!
Este tipo de malestar siempre tarda de dos a tres días en materializarse…
En otras palabras, hasta hoy siempre he tenido miedo de lo que sentía porque no sé controlarlo, aún no lo he domesticado y ¡no es permanente!
Pero este año está siendo agotador para mí y me digo que, ya que voy a hacerlo, es hora de superar también esos miedos.
Me servirá en la medida en que encuentre paz y equilibrio conmigo misma, y podría ayudar a otros cuando esté lista...
¡Aquí está!
Bien para ti,
Isabel.